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Cómo medir las horas que se pierden en tareas manuales, y por qué casi nadie las cuenta

Nadie discute que se pierden horas en perseguir confirmaciones, cruzar albaranes y comprobar que alguien hizo lo que dijo. Lo que casi nadie tiene es el número. Y sin número no hay decisión: solo una intuición que se discute en cada comité. Este es el método que usamos para contarlas antes de tocar ningún sistema.

Por qué esas horas no aparecen en ningún sitio

Las horas de coordinación son invisibles por construcción. No se imputan a un proyecto, no generan un documento y no tienen un campo en el ERP. Son el pegamento entre procesos: la llamada al proveedor, el correo a comercial, la comprobación del jueves.

Además las hace gente que no lleva parte de horas. Un jefe de planta, un responsable de compras o un encargado no apuntan en ningún sitio que han dedicado cuarenta minutos a averiguar por qué no ha llegado un material. Es su trabajo, o eso parece.

El resultado es que la empresa contrata para cubrir ese hueco sin haberlo medido nunca. La estructura crece con las ventas y nadie sabe decir exactamente en qué se va.

El censo de tareas: qué se apunta y cómo

El censo se hace sentado con quien ejecuta el proceso, no con quien lo dirige. La diferencia importa: el director describe el proceso como debería ser; quien lo ejecuta lo describe como es.

De cada tarea se anotan cuatro cosas, y solo cuatro. Con más, nadie lo termina.

  • Qué se hace. en una frase que empiece por un verbo: «reclamar confirmación al proveedor», «cuadrar factura con albarán», «avisar a comercial del retraso».
  • Cuántas veces por semana. contadas, no estimadas a ojo. Si no se sabe, se cuenta una semana real antes de seguir.
  • Cuántos minutos cada vez. el tiempo de verdad, incluido el de buscar el dato en tres sitios. No el tiempo ideal.
  • Quién la hace. porque una hora de un responsable de compras y una hora de un administrativo no cuestan lo mismo ni valen lo mismo.

La cuenta es una multiplicación y una suma: veces por semana × minutos, sumado por persona. En un proceso de compras típico salen entre seis y diez horas semanales antes de que nadie mencione la inteligencia artificial.

Los cuatro errores que estropean el censo

  • Preguntar «cuánto tiempo dedicas a…». La respuesta siempre es baja y redonda. Hay que reconstruir el día concreto: qué hiciste ayer, en qué orden, cuánto duró cada cosa.
  • Apuntar solo lo que sale bien. Las horas se van en la excepción: el pedido que no confirma, la factura que no cuadra, el técnico que no encuentra el repuesto. Si el censo solo recoge el camino feliz, no mide nada.
  • Dejar fuera las interrupciones. Contestar «¿cómo va lo mío?» cuesta poco cada vez y muchísimo al mes. Es una tarea, y va al censo.
  • Hacerlo cuando ya se ha decidido comprar algo. Entonces el censo deja de ser una medición y se convierte en una justificación. Se hace antes, y se firma antes.

De las horas al indicador: la línea base

El censo da horas; la decisión necesita un indicador. La regla que seguimos es que el indicador tiene que poder medirse en un sistema que ya existe, sin que nadie lo apunte a mano, porque lo que se mide a mano se deja de medir en tres semanas.

Ejemplos de indicadores que cumplen esa condición: el cumplimiento de plazo del proveedor —líneas recibidas en la fecha confirmada sobre líneas recibidas—, el tiempo entre que se registra una incidencia y se responde, o el porcentaje de facturas que se contabilizan sin intervención.

La línea base se mide antes de tocar nada y se escribe. Si después de implantar no se mueve, no se amplía: esa es la parte incómoda del método y también la única que lo hace creíble.

Qué hacer con el número una vez que se tiene

Multiplicarlo por el coste hora de quien hace la tarea, y anualizarlo. Ese número —no la tecnología— es el que se lleva al comité, porque es el que se compara con cualquier otra inversión. Si quiere hacer la cuenta ahora, está la calculadora de horas: funciona en su navegador y no pide ningún dato.

Y decidir por dónde entrar: no por el proceso más ambicioso, sino por el que devuelva una medición pronto. Lo frecuente y con criterio escribible primero; lo raro y de mucho juicio, más tarde o nunca.

Si el censo dice que no hay horas suficientes, la conclusión honesta es no automatizar ese proceso. Nos ha pasado y lo decimos: hay procesos que no dan payback.